domingo, 1 de marzo de 2009

LA ALCAZABA

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LA ALCAZABA

Como súbdita de nadie, al abrigo del tiempo; allí te alzas, sobre la gravedad, sin miedo ni disfraces. Nieve, cuando el agua te regala su cuerpo blanco, o en cataratas de agua recién levantadas. Espuma blanca que por tu cuerpo resbala como pecho sin escarcha, al unísono, sobre la tierra en la que descansas. Pirámide que nos muestras y callas, corazón tras corazones. Piedra o diamante tras la piedra. Cicatrices miles. Miles de cicatrices al detalle. Arista al frente, tras la arista. Mordedura. Bocanada de viento tan cercana. Como recodo del eco en la distancia. Testimonio de tanto que recibes…
Como cuando entre el amanecer te bates entre los colosos que te abrazan, sin penuria ni batallas; con tus huesos tan al aire, fuera de tu carne, lamidos por el eco de los pájaros exhaustos. Humanos que nos desvanecemos más abajo, contemplando…Cómo nuestro tiempo se estrella sobre las rocas. Duerme en las siete lagunas que te desovan.
Como cuando entre el atardecer te debates, por ejemplo, entre el rojo y el naranja, mientras que el gris de tus párpados los absorbe; sueño tras sueño, peldaño a peldaño.
¿Ni un árbol, ni una sombra ? ¿ Ni una milésima de estrella en tu corona ? Tan inexpugnable desde aquí, tan accesible cuando amas…Allí, Alcazaba, así…Reina de la montaña, de lo que ofreces, con esas alas de silencio en tu mirada, noche tras día; dama de blanco, pupila al viento!
El mundo, aquí abajo. Al alcance del todo o de la nada. De todo lo que abarcas.
Pero miraré entre el azul y la nieve, porque la verdad de ti se desprende. Camino que busco, insisto, cuando vuelvo, como niño vencido. Como hombre que espera de arcilla.
Porque te recuerdo así, desnuda, nieve sobre el cauce del horizonte que cabalga.

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